Vivo creando un acertijo, con las piezas del ayer,
todo el dolor amanerado se cruza por mi frontera fría,
pisadas de fuego, pimienta y sal,
como un caldo del infierno preparado en mis siete muertes.
Te contraes, te arrodillas,
te alejas,
tienes en la boca mi sabor a saliva,
deseas estas uñas clavadas en la espina,
tienes miedo que se vuelque desde adentro,
el color blando de la deriva.
Uno que se acostumbra a relaciones extrañas, tortuosas,
efímeras, golpeadas, exhaustivas, desgastantes...
Y luego, la soledad tan brusca que no atina ni un centímetro,
la calma parece nunca llegar, pero de pronto...
Llega, y te pone en tus cabales, y te llena de labores,
de trabajo, de cosas intelectuales y frías,
las emociones no existen en ese plano fresco.
Me gusta, me gusta mi sentido de soltería, ese que perdí hace unos dos años.
Ese que hasta entonces, había sido perenne en mí,
regresa, y planea acampar un buen rato.
Que rico no preocuparse por nada, ni buscar un comino,
me cansa pensar el "qué dirá" de mi.
No tengo prisa, bienvenida al celibato...
O algo por el estilo.
¿Por qué a veces se siente que una parte, del todo que somos,
muere más de una vez?
Como si no bastara con el dolor de la primera ocasión,
y nos obsesionan esos detalles del pasado,
retribuyéndole a la ligereza, nuestro abismal fracaso.
No es que me queje, no.
Yo sé que hay que caminar entre la mierda para llegar a tierra firme,
o al menos así nos lo pintan,
"Naden, que ahogándose van a aprender."
Y entonces, ¿quién me espera al otro lado, brazos abiertos?
¿Que tal si esa persona se ahogó en el camino de estiércol?
"No hay mal que por bien no venga, hijita".
De acuerdo, pintemos dos o tres cosas:
No hay remedio para la soledad.
Al mundo llegamos solos,
y así se supone que nos vamos, ¿ah?
¿Entonces para qué correr tanto?, que si te gradúas,
que si comes sano, que si consigues un buen empleo,
que si te llevan rosas y serenatas, que si tu novio tiene auto...
Que si te casas en "buena familia", ¿y qué demonios la hace buena?
¿Acaso la diversidad no es la única cosa que nos abre la mente y despierta el apetito real?
Apetito por amor, por la aventura, por luchar para todas esas cosas en las que creemos...
Mientras tanto, tú, ella, y yo, haciéndonos faciales de pepino,
y ellos dejando por lo menos un cuarto de millón de dólares en sus gimnasios caros,
al mes.
Yo les pregunto, por primera vez, y saliéndome de mis líneas,
para convertir este escrito en algo aún más personal,
¿En dónde creen que está escondido el corazón, atrás de tanto prejuicio, enseñanzas morales, de tantas ropas,
de tantas depilaciones láser, cremas humectantes, hormonas, mentes pachangueras,
y tanto palo buscando hoyo?
¿En dónde?.
Voy por mal camino si me duele el pecho por las mañanas,
y cuando me levanto eres la primera cosa que me viene a la cabeza,
y me pongo llorona si algo me sale mal,
así como una infante que se enamora del chocolate ya comido,
regresaste a mi vida y ya no te quiero soltar.
Digo, las cosas andan mal si espío mi telefono cada 2 minutos,
a ver si la luz se enciende con un mensaje tuyo, o una llamada casual,
el tiempo va a asesinarme la ilusión.
Y entonces cometes esas locuras...
Terminas con ella, y me dejas a mi incierta,
quizá el karma finalmente me está rindiendo cuentas.
Estoy mal, y te quiero,
y te quiero, y las horas me pesan,
y recuerdo que hace un par de días me dijiste que me amabas, aunque alcoholizada,
te avergonzaste, y te reíste...
Lo malo es que quizá, quizá, te creo...
Me miré en aquella sala tan familiar, llena de cosas del pasado, de hace dos o tres meses de ausencia; el orden impecable siempre me abruma, digo, para una mujer que vive sola como tú.
Tienes razón, no te saludo como sería lo normal, con un beso en la mejilla, si no que suelto un escueto "Hola" y me invitas a pasar, "¿Por qué tenés cara de enojada?" me preguntas con el tono fresco de tu voz "No, es que... ¿Es normal que me hayan pedido identificación en la caseta? No sé...".
Te sonríes y me miras, "Ah bueno, sí, dijeron que iban a estar pidiendo, no te preocupés"; clavo la mirada en el recipiente que llevo entre las manos "Te traje flan de mocca, no lo he probado, pero creo que me quedó bien, ¿Ya comiste?..."
La siguiente hora pasa velóz, qué miedo, cada vez que te veo enloquezco un poco más, converso contigo con la vista en las paredes, por alguna extraña razón no te sostengo la mirada, y ya lo notaste, qué verguenza, admito.
Y sigo sin besarte, me dices que por qué te tengo miedo, que tú me respetas mucho, y pienso, pienso que no es miedo de tí, es miedo de mis impulsos, de mis grandes ganas de olvidarme de ese protocólo y estar contigo aunque fuera clandestinamente, aunque me escondieras en la caja más remota perfumada con tu aroma yo estaría tranquila.
Tu aroma, ah, ese aroma, a flores, a flores y qué ironía que tu nombre sea el de una, tu aroma de amor, de suavidad, de vida, de tristeza y de cuchicheos, tus ojos castaños desterrándome al insomnio, a la insensatez de un te quiero...
Te extraño, en éstos momentos, ahora, te extraño y quiero estar contigo, aunque sólo ha pasado un día; me gustan tus inseguridades, tus comidas de mentira, tu música extraña, tus programas favoritos, me gustas, te quiero, te extraño... Me estoy enamorando como una desesperada de tí.
Estoy endemoniada por la tristeza,
se me ha partido el corazón en cuatro...
Quiero que ya se termine la farsa, el teatro,
Me siento tan dañada.
Ya no te quiero, ya no te quiero,
me engañaste, papá.
Nunca me he metido en los líos de los demás, supongo que eso me hace despreocupada,
y una mala vecina, sin chismes que contar,
y tampoco polveo mi nariz, ni enfrasco mis ojos con maquillaje,
a veces quizá, pero no cuando me desvelo,
que es casi siempre, si tomas en cuenta que mi hora de dormir son las 2: 30 am.
Y el sueño, ah, ese sueño,
que antes me golpeaba con gancho, y ahora me cuelga de la cama,
con los ojos pelados y la mente revuelta, y los ruidos que me acechan,
y mi conciencia, y tu conciencia, y la conciencia de todos,
me duele la espalda con dolor puro.
Tanto hablo, que no digo nada,
sólo mi cabeza se envuelve en la tertulia de un monólogo,
de loca, de cuerda, de mujer, de perra,
y casi siempre se me enfría la comida por andar en otras cosas,
últimamente.
Hoy es primer día que llueve en el mes, pienso yo,
ni idea, el mundo pasa y yo en pausa, en mi humor de pepinillo,
con el cabello alborotado y las manos temblorosas,
y aún así me dicen que soy linda,
A veces, se me figura que sí.
Y es que antes pensaba que el amor era una cosa,
de esas que se agarran algún día en la vida,
y no, para nada,
que tenga los zapatos llenos de harina, no me hace una inocente,
ya no creo en lo de ayer,
si lo de hoy me comió las nalgas.
Me senté en el sofá y suspiré,
escuchar tu tono quebrado me hizo encogerme,
"¿Dónde quedo yo?" me dijiste, con reproche,
"En ningún lugar" pensé, y luego dije: "No es justo que me hagas esa pregunta... Creo que lo que estoy haciendo es lo más correcto por el momento".
"Decime en serio... No debo guardar ninguna esperanza, ¿verdad?", y mi silencio como una daga,
"No, es mejor si no..."
"Quiero leerte algunas cosas, espera"... Y yo con las mejillas húmedas "Es que ya esperé demasiado, y nunca llegó"
Entonces te dispusiste a leer algunos mensajes que yo te había mandado, o una carta mía, o qué sé yo, de esas cosas que hice y que luego de un rato quedaron enterradas en mi mente, cuando al fin vi, que te sentía sólo como amiga, y no como mujer, como amante.
Me moví, incómoda, y vi la silueta interminable de las escaleras, aparté el teléfono unos segundos de mi oreja y me limpié la cara. "Ya, para, no quiero escuchar más..."
Y lloraste, me dijiste que no querías inicomodarme, que sólamente querías recordar aquellos momentos en los que yo te manifesté amor, "vaya, amor... " pensé, y titubeé "Nunca fue mentira nada de lo que te dije, todo lo que te dije lo sentí en su momento", frase robada, estoy segura que alguna de mis parejas anteriores me había dicho eso una vez, qué patética, no puedo ni crear mis propias líneas de corte.
"No he dicho que mientas... Tómate tu tiempo, y cuando estés lista para hablar, llámame, y nos encontraremos", contestó; yo afirmé con la cabeza y emití un pequeño sonido, "Por que sí vas a verme para decirme todo lo que pasó, ¿verdad?" insististe. "Sí, vamos a vernos y vamos a hablar... Y te diré lo que pasó, si es que logro entenderlo yo primero", "Es lo menos que podría hacer, una cobarde como yo..."
Te quedaste en silencio, te sentí más triste que nunca.
"Ya se me va a pasar", dijiste, orgullosa, "Ya lo voy a olvidar, sólo fue un mes y días, yo sé que puedo...."
"Yo sé que sí..." respondí, un poco melancólica, la respuesta que tú no esperabas, "Yo sé que lo harás, sólo fue un mes, te deseo suerte."
Lo demás, se me quedó en el aire...
Buena, muy buena suerte, Maribel.
Piensa en tres cosas: llámame, asustame, sorpréndeme.
"Te amo, te extraño, te quiero besar",
dijiste con tu voz más tibia,
al llamarme, asustarme y sorprenderme...
¿Qué es esto? y lo toco,
te toco las ansias,
"Soy yo por las mañanas" contestaste,
sonriente,
"Llámame mañana a esta hora, que ya estoy perdiendo señal".
En el momento en que el mar y la montaña se unen,
en ese preciso momento me detuve,
y volvimos a nacer, tú y yo, montaña y mar,
arena y tierra húmeda,
tan dispares e infinitas,
con toda esa piel que nos limita.
Pienso en tí y mi cuerpo trémulo descansa,
en las abejas que perfilan cada espacio de tu ser,
y los árboles naciendo en tu silueta,
manzanas rosadas al borde del pezón.
Tu aliento puro, tus ojos quasiamarillos,
tu cabello negro deslizándose en mis hombros,
las cicatrices de una vida dura, en lo blando de tu dermis,
y ese ombligo coronando el centro de tu
luz.
A veces hablas de sentimientos firmes, y yo que aún no me pongo de pie,
mi gitana, gitana mía,
el olor de los pinos se mezcla con tu piel.
Que tu sepas hacer fuego con leña,
y que yo sepa manejar un manual,
que tengas la fuerza de un lince,
y que yo sea lenta para caminar.
Que seamos ese punto donde lo urbano y lo rural,
le pasan a lo moral,
y se olvidan de cualquier regla estúpida,
de esta cultura en general.
[Mari, te quiero]